Luego Tilopa al ver que había sido atrapado, le concedió el deseo al discípulo que tanto quería, de aprender Karate.
Después, estos fueron hacia el monte Everest donde le iba a enseñar lo básico de el karate que era controlar la respiración y el equilibrio sobre si mismo, así lo cumplió el discípulo al durar allí una semana sin alimento.
Todo entrenamiento era cada vez mas difícil, pero este con esfuerzo y dedicación los cumplía, hasta que se convirtió en un verdadero karateka digno de admirar. El maestro quedo bien agradecido por haber tenido un gran pupilo.
Dio gracias a su maestro, y se fue a demostrarle el mundo el verdadero karate que jamas hayan visto.

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